Apodos cariñosos en relaciones amorosas

Casi todos utilizamos algún apodo para identificar cariñosamente a nuestra pareja. En este aspecto, no existe más límite que el que dictamina nuestra nuestra imaginación. Se pueden escuchar -si bien habitualmente los apodos quedan delimitados a la esfera privada de la pareja- desde los típicos tales como "tesoro", "cariño", hasta los más atípicos como "churri" (si bien éste está bastante en boga, últimamente).
De acuerdo con una encuesta de la Universidad Augsburg, podemos acceder a los que son considerados como los apodos favoritos entre los europeos. Para elaborar el proyecto de estudio, fueron consultadas más de 20.000 personas, con un promedio de edad de veintinueve años.
El clásico “tesoro”, en el primer lugar
Efectivamente, en el primer puesto se encuentra el muy original (dicho de forma irónica) y sobre todo popular “tesoro”, y con éste, sus variaciones: tesorito, tesorote, tesorillo... Resulta incluso cómico otro hallazgo del estudio: a partir del cuarto lugar, la lista se convierte en un listado de animales. Así es, los consultados refirieron apodos dichos en la intimidad tales como "cachorrito", "ratoncito", "osito", etcétera (la fauna y reino animal es casi infinito). En el puesto número 10 aparece de nuevo otro apodo "creativo", como es el tradicional “querido" o "querida", si bien éste está en desuso entre los más jóvenes.
Nombres de animales como apodos
Resulta como poco bastante llamativo el uso de apodos en la relaciones, aunque no deja de ser comprensivo, pues con los apodos o motes cariñosos se alimenta la complicidad e intimidad existente entre sendos miebros de la pareja. En algunos casos, estas apelaciones incluso reemplazan los nombres propios. Sólo basta un “osito”, un "cachorrita", para que su pareja le muestre atención. Los apodos tomados de botánica no son, sin embargo, muy populares, como por ejemplo: "rosita", "pepinito", "florecilla", y demás ejemplos vegetales.
Menos apodos en público
Otro resultado que ha revelado la encuesta, por otro lado deducible y lógico, es que los apodos no suelen ser utilizados en público. Sólo el 39 de 1.000 de los encuestados asegura nombrar el apodo de su pareja en cualquier situación. Pero, como decimos, esta puntualización resulta por otro lado comprensible, pues, ¿se imagina escuchar un "pichurri" por parte de su gran amor ante sus colegas y compañeros de trabajo?





